Muchos de estos errores no tienen que ver con la tecnología, sino con cómo se organiza la información. Pasar a un menú digital no los corrige solo: hay que evitarlos igual.
Una lista larga de veinte platillos bajo "Fuertes" obliga al cliente a leer todo para decidir. Divide en subcategorías más chicas (carnes, mariscos, pastas) para que decidir tome segundos, no minutos.
Si el precio en el menú no coincide con lo que cobra el mesero, el cliente lo nota y desconfía. Con un menú de papel esto pasa cuando suben los insumos y nadie reimprime a tiempo; con uno digital se corrige al momento, pero solo si alguien realmente lo actualiza.
Un nombre como "Especial de la casa" no le dice nada a un cliente nuevo. Si no sabe qué es, probablemente pida algo que ya conoce en vez de arriesgarse.
Mezclar entradas, bebidas y postres sin un criterio claro hace que el cliente tenga que buscar en vez de recorrer el menú de forma natural. El orden esperado es entradas, fuertes, bebidas y postres, en ese sentido.
Horarios, redes sociales o forma de contacto ausentes del menú obligan al cliente a buscarlos en otro lado. Si ya tiene el menú abierto en el celular, es el mejor momento para que encuentre esa información sin salir de ahí.
Un menú que se ve bien en la computadora de quien lo arma puede verse saturado o con texto encimado en un celular. Antes de darlo por terminado, revísalo tú mismo desde tu teléfono, no solo desde el editor.
Si vas a organizar tu menú desde cero, puedes hacerlo directamente en Dishee y evitar varios de estos errores desde el editor: categorías separadas, descripción por platillo y vista previa como la ve tu cliente.